Portada de El grito sordo, de Ignatius Farray

El grito sordo

SINOPSIS

El grito sordo reúne en un solo volumen Vive como un mendigo, baila como un rey, El bicho que se devora a sí mismo y Meditaciones, tres libros en los que Ignatius Farray convierte su biografía, su personaje escénico, sus obsesiones y su particular filosofía en una mezcla de memoria, cómic, ensayo, confesión y sabotaje. La edición incorpora un nuevo prólogo y permite leer de una vez el extraño recorrido que va de Juan Ignacio Delgado a Ignatius y, después, del personaje a la persona que intenta sobrevivirle.

BOOK SHORT REVIEW

ENGLISH REVIEW

El grito sordo makes more sense as a single large object than three separate books probably should. Ignatius Farray’s writing has always treated form as something provisional: memoir slips into stand-up theory, confession becomes a cartoon, philosophy is interrupted by obscenity, and a joke suddenly reveals an uncomfortable amount of sincerity. Read together, those changes stop looking random and begin to resemble a method. The volume traces the construction of Ignatius as a public creature while constantly allowing Juan Ignacio to appear underneath, usually at the least dignified moment. That friction gives the collection its emotional weight. The books are funny, but the laughter often arrives with embarrassment, fear or self-recognition attached.

The great pleasure is Farray’s refusal to separate high and low material. Marcus Aurelius can sit next to bodily anxiety; a theory about comedy can emerge from professional failure; a grotesque fantasy can end up explaining loneliness more clearly than a solemn confession. The illustrations and visual digressions are not decoration but part of the voice, especially in El bicho que se devora a sí mismo, where the unstable border between the comedian and his persona becomes literal. Across the three books, Farray keeps returning to the same obsessions — humiliation, freedom, work, ego, pain, creativity — but the repetitions become productive because the angle changes. He is less interested in solving himself than in documenting the fact that the same person can produce incompatible explanations of his life.

Collected editions often feel archival; this one feels cumulative. The new prologue helps frame the three parts as stages of the same ongoing argument, and the physical scale suits writing that has never believed in moderation. Not every provocation lands and some stretches depend heavily on an affection for Farray’s comic rhythm, but the excess is inseparable from the attraction. El grito sordo is valuable because it preserves a voice that is difficult to tidy up without killing it. Beneath the shouting, the filth and the deliberate foolishness there is an unexpectedly serious defence of vulnerability: the idea that making a spectacle of yourself can sometimes be a way of refusing to let shame have the final word.

SPANISH REVIEW

El grito sordo tiene más sentido como un único objeto enorme del que, en principio, deberían tener tres libros distintos. La escritura de Ignatius Farray siempre ha tratado las formas como algo provisional: las memorias se deslizan hacia la teoría del stand-up, una confesión se convierte en cómic, la filosofía queda interrumpida por una obscenidad y un chiste acaba revelando una cantidad incómoda de sinceridad. Leído todo seguido, esos cambios dejan de parecer aleatorios y empiezan a parecer un método. El volumen permite seguir la construcción de Ignatius como criatura pública mientras Juan Ignacio aparece continuamente debajo, casi siempre en el momento menos digno. Esa fricción da al conjunto buena parte de su peso emocional. Los libros hacen reír, pero la risa suele llegar acompañada de vergüenza, miedo o reconocimiento.

Uno de los grandes placeres está en la negativa de Farray a separar materiales nobles y vulgares. Marco Aurelio puede convivir con la ansiedad corporal; una teoría sobre la comedia puede nacer de un fracaso profesional; una fantasía grotesca puede explicar la soledad con más claridad que una confesión solemne. Las ilustraciones y fugas visuales no son decoración, sino parte de la voz, especialmente en El bicho que se devora a sí mismo, donde la frontera inestable entre el cómico y su personaje se vuelve literal. A lo largo de los tres libros regresan las mismas obsesiones —humillación, libertad, trabajo, ego, dolor, creatividad—, pero la repetición resulta productiva porque cambia el ángulo. A Farray le interesa menos resolverse que dejar constancia de que una misma persona puede producir explicaciones incompatibles sobre su propia vida.

Las recopilaciones suelen tener algo de archivo; esta funciona por acumulación. El prólogo nuevo ayuda a leer las tres partes como etapas de una misma discusión todavía abierta y el tamaño físico encaja con una escritura que nunca ha creído demasiado en la moderación. No todas las provocaciones funcionan y algunos tramos dependen mucho de entrar en el ritmo cómico de Farray, pero el exceso es inseparable del atractivo. El grito sordo importa precisamente porque conserva una voz difícil de ordenar sin matarla. Debajo de los gritos, la mugre y la tontería deliberada aparece una defensa inesperadamente seria de la vulnerabilidad: la idea de que convertirte tú mismo en espectáculo puede ser, a veces, una forma de impedir que la vergüenza tenga la última palabra.

// Autor: Ignatius Farray
// Editorial: TEMAS DE HOY

SOBRE EL AUTOR

Ignatius Farray, nombre artístico de Juan Ignacio Delgado Alemany, nació en Granadilla de Abona, Tenerife, en 1973. Es humorista, actor, guionista, escritor y músico. Ha participado en programas como Muchachada Nui, La hora chanante, La Vida Moderna y Ilustres ignorantes, y protagonizó la serie El fin de la comedia. Su trabajo se caracteriza por una comedia física, incómoda y confesional que convierte la exposición personal en material humorístico y, con frecuencia, filosófico.

Score
8.9

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