SINOPSIS
La familia Thompson se traslada al campo en busca de una nueva etapa. Allí, los niños descubren un árbol gigantesco cuyos habitantes fantásticos abren el camino a mundos cambiantes. Tim y Polly, interpretados por Andrew Garfield y Claire Foy, aprenden a convivir con unas aventuras que alteran los planes familiares. Ben Gregor dirige esta adaptación de los relatos de Enid Blyton, con guion de Simon Farnaby.
Movie Short Review
English review
El árbol muy muy lejano revisits Enid Blyton’s imaginative world through a premise that has lost none of its appeal: a mysterious tree whose branches lead to different lands. Director Ben Gregor and screenwriter Simon Farnaby work with material in which discovery matters more than conquest. The family adventure begins not with a prophecy or a world-ending danger, but with curiosity. That modest starting point is a useful corrective to children’s fantasy films determined to turn every new encounter into an escalating conflict.
Andrew Garfield and Claire Foy play Tim and Polly, parents whose move to the countryside opens the possibility of a different family rhythm. The children’s experiences with magical inhabitants such as Moonface invite a playful reorganisation of adult assumptions. Places that should obey predictable rules are suddenly governed by change, surprise and eccentricity. The tree itself is a compelling metaphor for children’s literature: it is rooted in an ordinary landscape while opening passages to worlds that the imagination can continually reinvent.
Blyton’s episodic narrative presents an adaptation problem. A sequence of marvellous encounters may be delightful in a book read over several evenings, but a feature film usually requires a continuous emotional line. Gregor’s version needs the family’s relationships to supply that continuity without overwhelming the pleasure of episodic invention. The danger is that the magical lands become decorative stops rather than experiences that change how the characters understand one another.
The film’s central attraction is therefore also its limit. Its success depends less on spectacle than on a willingness to be whimsical and unpredictable. When the adventure is allowed to remain strange, the fantasy retains the distinct flavour of Blyton’s stories; when conventional family-film lessons are made too explicit, the world feels smaller. El árbol muy muy lejano is an engaging invitation to imaginative play, best appreciated for its affectionate sense of discovery rather than any claim to reinvent the genre.
Spanish review
La adaptación de Enid Blyton que propone El árbol muy muy lejano recupera una forma de fantasía infantil basada en el descubrimiento antes que en la épica. Su punto de partida es sencillo: una familia llega al campo y los niños encuentran un árbol que conecta con territorios regidos por lógicas extraordinarias. Ben Gregor, a partir del guion de Simon Farnaby, dispone así de un universo en el que el interés puede surgir de la sorpresa y del carácter caprichoso de sus habitantes, sin necesidad de convertir cada aventura en una batalla decisiva para el destino del mundo.
Andrew Garfield y Claire Foy interpretan a Tim y Polly, los padres de una familia que intenta adaptarse a una nueva vida. Ese cambio de escenario adquiere un sentido distinto para los hijos. El paisaje que para los adultos ofrece tranquilidad se transforma para ellos en una geografía de posibilidades. La presencia de personajes como Moonface refuerza una tradición literaria donde la imaginación altera las reglas cotidianas sin quedar sometida a una explicación exhaustiva. El árbol es, además, una imagen particularmente adecuada para el cine familiar: pertenece al mundo conocido, pero permite acceder a lugares que desmienten lo que se considera posible.
La estructura episódica del material original plantea una dificultad. La literatura infantil puede encadenar encuentros fantásticos sin necesitar un conflicto único de gran alcance; el largometraje, en cambio, suele exigir progresión y un desenlace reconocible. La adaptación debe encontrar un equilibrio entre esas dos necesidades. Si concentra demasiado sus esfuerzos en construir una trama convencional, puede perder la espontaneidad que hace atractivo el universo de Blyton. Si se limita a mostrar criaturas y lugares sucesivos, corre el riesgo de convertir el relato en un catálogo de hallazgos visuales.
La aventura funciona como propuesta familiar cuando reconoce la importancia de la curiosidad infantil. Los mundos cambiantes constituyen también una manera de representar emociones y expectativas que no siempre se expresan con palabras. La fantasía ofrece un espacio donde probar posibilidades sin soportar las consecuencias ordinarias de la vida adulta. La película no necesita explicar cada elemento mágico para que su lógica resulte comprensible; parte de su encanto reside precisamente en aceptar lo improbable.
El árbol muy muy lejano apuesta por una tradición amable y excéntrica del fantástico. Puede resultar más convencional cuando subraya de forma insistente sus enseñanzas sobre la familia, pero conserva un atractivo propio en la idea de que la aventura no exige abandonar por completo lo cotidiano. A veces basta con mirar de otra manera un árbol situado junto a casa.






